miércoles, noviembre 30, 2005
Otro
el mismo viento
la misma lluvia
el mismo frío
solo mi reflejo en el vidrio
desgranando la noche en versos
escucho sus caricias
lamiendo la nostalgia olvidada
ausencias falsas
los ojos desiertos
las manos áridas
¿donde perdí?
la sangre
estampida de tortugas
corazón
de libro viejo
descuento cartas falsas
letras dormidas o inventadas
notas de amigos perdidas
cariños náufragos
los días nacen viejos
y mueren sin haber sido
las palabras atraviesan y se agotan
llegan cansadas y sin aliento a su oído
otro día
otros vientos
otro verso
lunes, noviembre 28, 2005
Venus

Vuelves. Escondida detrás de tus ojos azules, oculta detrás del mar.
Venero lo único tuyo, como devoto de iglesia antigua, en el altar de los deseos absurdos. Tu rostro falso, sonriente.
Sonrisa a tres cuartos, cristal líquido, casi áurea, principio y fin de la belleza imaginaria, posible solo en sueños o pesadillas.
Cuerpo de fuego, ruinas de adolescencia, inocencia, demencia; una mujer de hielo suena en tus piernas. La luz descubre, crea o destruye, mentirosa como foto a dos colores.
¿Cuál es tu realidad? ¿Cómo es tu mañana, sin pintura o estilista, desnuda y calmada, dormida, respirando pausado, sin adornos, sin atavíos? ¿Existes?.
Deseo verte llorar, ver derramarse al mar; mirar tus ojos con fuego de ira o celos. Niña mujer irreal, te construyo de fantasías y antojos, te hago después de cada lluvia, mirando tus ojos como se ve al mar, sabiéndote inexistente y lejana, pensando que habrá del otro lado, adivino isla desierta y virgen, o tormenta asesina.
Solo, con tu imagen colmando la retina y mil quimeras...
martes, noviembre 15, 2005
Entrevista con mi musa (Parte II)
- Es buen trato. Pero si me quedo, conoces los riesgos.
- Es que te he extrañado. Eres un mal necesario.
- ¿Un mal?
- Si. Tu trabajo es inspirar, y luego desparecer. Desparecer, dejándome colgado, con un puñado de textos con sabor a ron añejo. Eres un mal necesario, indispensable.
La musa se levanta implacable. Se posa frente a mi. Ahora se pone difusa, semitransparente, casi como un fantasma. Sabe que odio esa visión casi paranormal de su cuerpo. Me sirve otra copa de vino.
- No te quejes tanto. No es fácil presentarse en el momento exacto, en el lugar indicado, e inspirar, aunque nos se esté tan inspirada.
- Eso no es cierto. Cualquiera sabe que hay pocos seres tan caprichosos como una musa. No siempre están donde deben.
- Has usado mi imagen como y cuando quisiste. Ahora soy la mala de la historia.
- Míralo en proporción. La mayoría de tus textos son más bien dulces o felices. Debe haber unos cinco tristes.
- Entonces soy dulce y feliz, a pesar de que esos cinco textos tristes que inspiré son los que más impactan. Ahora soy una bruja sádica que disfruta de tu dolor. No es justo.
Usa esa mirada de tristeza, que sabe infalible. Una vez más tumba mis defensas, rompe mis murallas. Vuelvo al vino.
- La gente gusta más del sufrimiento, el ver como se termina la ilusión, como los sueños se derrumban... ellos disfrutan tu muerte, miran como pasas a formar parte de “ellos”. Es una cuestión de “sufrimiento social”. Yo solo he contado lo que pasa. Y a pesar de todo, tienes el poder
- Poder que no he pedido. De cierta forma, también soy víctima.
- Poder es poder. Y no conozco a nadie que no lo disfrute.
Ella sonríe, derrotada. Se acerca, se vuelve un poco verde y me besa, profundo, beso sabor a despedida, el sabor de las historias que nacieron muertas.
- Te marchas. ¿Así, sin más? Parece una graciosa huida.
- ¿Huida? Jamás.
- ¿Debo decir “como siempre”?
- Y como siempre volveré.
Y es verdad. Ella se vuelve transparente, hasta que se confunde con las luces que titilan en la ciudad. Me quedo con un poco de ella, en cada palabra. La invoco cada noche, espero que vuelva a revolotear mi ventana. Pero solo me trae palabras, y un buen vino añejo.
lunes, noviembre 14, 2005
Entrevista con mi musa (Parte I)
Como siempre, robando palabras.
- Mira. Las luces.
La musa se sienta en la ventana, roba un sorbo de vino y me mira, se clava en mis ojos.
- De nuevo estás aquí. ¿Qué buscas?
La musa sonríe, se pone un poco azul y comienza a revolotear.
- Vengo a agradecerte. De verdad, esta vez fue un honor cumplir mi trabajo.
Miro la ciudad, fingiendo indiferencia.
- Una musa agradecida. Interesante.
- Tengo como regla el agradecimiento con el inspirado. Pero eso sí, cuando te vuelvas famoso, espero la respectiva comisión. ¡Negocios son negocios!
La musa se vuelve color naranja. Sus ojos juguetean con las luces de la ciudad. El aire, frío y pesado de las montañas parece no importarle, continúa desnuda, impávida a pesar de la noche.
- Es increíble. Además de esquivas, ahora son negociantes.
- No sabes lo complicado que es este trabajo. Vestidos de tul, polvo de estrellas, vagar por el bosque hasta que alguien como tú te escoge como su musa.
Para entonces, he perdido la batalla. Me arranca una sonrisa, rompe mis defensas. No puedo ser indiferente, su cuerpo se pone más rojo con cada palabra, más brillante.
- No creo que el trabajo sea complicado. Vienes solo por las noches, apareces solo a veces, no siempre estás. Soy yo el que te piensa, todo el tiempo, siempre y profundamente.
- Eso desgasta. Además solo pongo en tu mente pedacitos de imágenes que luego usas a tu conveniencia. Arriesgo mucho.
- El que cuenta las historia soy yo. El que teje los textos, el que mancha el papel, ¡soy yo!
- No hago las reglas, ya se escribieron hace tiempo. Solo cumplo con mi trabajo.
La miro, mientras se sienta de nuevo junto a mi. Vacía la copa de vino, se comienza a poner violeta.
- Era suficiente precio el que me inspires, me hagas feliz, y luego solo desparezcas, llenándome la vida de palabras...
- ¿Que prefieres, que desaparezca después de hacer mi trabajo, o que me quede a opinar sobre tu libro, y fastidiarte por la comisión?
- Preferiría que no termines tu trabajo, y te quedes, para lo que sea.
(Continúa)
jueves, noviembre 10, 2005
Tabú
Fito Páez
impensables
nostalgias innecesarias
incalculables;
te deshojo,
te deshabito
como isla virgen
te destoco
como canción
te desvisto
y te toco
ensueños
sin sueños
termino tu acecho
deshecho
con mis manos pendientes,
tranquilo,
pero herido