domingo, enero 15, 2006

Send

Le dolía ver el almuerzo de Leonor sin leche, sin pan. ¿No era su culpa? (...) Sobre el basurero volaban gallinazos. El horno enseñaba sus ladrillos en los ijares desconchados.

Joaquín Gallegos Lara Las cruces sobre el agua


Todo planeado con anticipación. Los líderes políticos estarían ahí. El Comandante compró unos cuantos guardias, el coche bomba estaba listo. Debía morir. Sería por algo justo. Por el partido, su hija, sus ideales, su pueblo. La revolución.

Tomaría el coche–bomba, directamente de la casa del Comandante, para llevarlo al edificio, lugar de la reunión. Según lo planeado, a las cuatro de la tarde toma el bus que lo lleva a casa del Comandante. Entra, saluda con su superior. Este responde con la mano y le hace entrar.

– ¡Bienvenido, soldado de la nueva patria, mártir de la revolución!-

Explica lo que tiene que hacer. La reunión es a las siete, debe llegar a las seis, mostrar su credencial a los guardias, tomar el celular, escribir la clave “libertad”, SEND, y todo terminaría. él también; claro, debe morir para cubrir las pistas. A las ocho la mortal tecla debe ser oprimida.

5:45, va en camino. Vidrios polarizados y un solo objetivo en mente. Algo comienza a carcomer su cerebro, sus ideas; algo que no tiene explicación, ¡es un soldado entrenado!. Piensa en su mujer, que estaría esperándolo por siempre en casa. Piensa en su sonrisa, el olor de su cabello, mezcla de cigarrillo, hierba fresca y perfume. Piensa en el día en que la conoció, callada, discreta, no llamó mucho su atención. Con esa sonrisa, pasión e inocencia, el día de su matrimonio, mil noches, pasión, y otra vez su sonrisa, sus gestos...

Luego, su pequeña hija. Nació en un día lluvioso, frío. El clima parecía haberle tatuado el rostro, tranquilo, apacible. Tenía tres años, ya le gustaban la música, cantaba emocionada cuando lo veía llegar, pintaba las montañas color rojo. Solo vio el color rojo y sus reflejos apretaron violentamente el freno, y su pensamiento volvió el objetivo.

Siguió su camino. Pensaba, pensaba en su familia, estuvo a punto de renunciar a su misión. Pero era por ellas que iba a hacerlo, para que vivan mejor cuando mueran los cerdos imperialistas. El partido las protegería, sí, pero la pobre gente, las familias de los periodistas que morirían, el personal del edificio, no tenían culpa. Pero cuando triunfe la revolución, el estado las atendería. De su acción dependía el triunfo. Entonces recordó sus ideales, su entrenamiento, Hasta la victoria siempre, Vencer o morir, Vencer o morir. Su triunfo era su muerte.

Seis de la tarde. Entra en el edificio, y se instala en el parqueadero. Reclina el asiento y vuelve a pensar... ahora duerme, y puede abrazar a su esposa, llevar a su niña a su primer día de jardín de infantes, de la mano... la alarma de su reloj de pulsera lo despierta, 7:50. Era la hora. Constata que los explosivos estaban activados ¿por qué no podía accionar el teléfono desde afuera, y terminar con todo? Lo rastrearían y lo encarcelarían, y antes de la humillación, la muerte. 7:55. El reloj no da tregua, el segundero recorre su camino, con furia, sin miedo, sin remordimientos. 7:53. Marca la palabra “libertad”, la libertad que lo mataría. 7:59, debe ser puntual, preciso, 59, el rostro de su esposa, revoloteando en su cabeza, las pequeñas caricias de su hija en su rostro, 15, “hola papi” en las mañanas, 5, todo termina, todo vuelve a empezar, 4, 3, 2, 1... SEND...........

“La tarifa de su tarjeta de prepago es cero, por favor, acérquese al vendedor más cercano y renueve su saldo, este es un mensaje de...”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que le puedo decir a un hombre sin secretos???... Solo algo que alguna vez escuche...

Mis secretos me gritan a voces,
y los puedo oír aún estando sordo,
son secretos plasmados en mi semblante,de día y noche,de pequeñas heridas,de grandes cicatrices,son puntos y comas de
mi historia,de una vida... la mía,
que cobra sentido al cruzarse
con otra vida... la tuya,
son secretos imperceptibles
al oído del vulgar...del cotidiano,
pero perfectamente escuchables
al abrigo de los bares,
de las melodías tristes,
de noches de luna y sin luna,
de los ojos verdes, de los caminos que anduve, pero cuidado, no los grites,nadie te entenderá,son como la locura,todos la ven, la oyen,
pero nadie la entiende,
son mis secretos,al fin y al cabo.

Besos de Guadalajara

pastv dijo...

Y que tal si de remate para tu acto de escrito... decimos enq ue ese fue el día en que las operadoras de celulares dejaron mandar un mensaje más a su cuenta... o solamente... la voz de mujer grabada en el telefono fue la causante... de la revolución...


Saludos, y un brindis por los finales abiertos.